BERGSON Y EL BUTOH

Filosofía para Butohkas

¿Cómo se relacionan la filosofía de Henri Bergson y la danza butoh?

El entrenamiento en danza butoh nos invita a interpelar nuestros automatismos temporales y a explorar desde el cuerpo, la pregunta por el tiempo: ¿Qué es el tiempo, cómo se percibe?, ¿Cómo se vive el presente, qué es?, ¿Qué conciencia tenemos del tiempo, cómo lo sentimos?, ¿Hay diferentes formas de sentir el tiempo en Oriente y en Occidente? ¿Qué le hace el tiempo a las cosas, a la materia, al cuerpo, a la danza de transformaciones? Preguntas existenciales que todos en algún momento de la vida nos hicimos, incluso desde edades tempranas y que son los grandes enigmas de la humanidad; preguntas que no tienen respuestas fáciles ni sencillas. La invitación de hoy es transitar por los pensamientos de Henri Bergson, conocer su mirada sobre el método de la intuición y el concepto del tiempo como duración y reflexionar de qué forma esta filosofía occidental se vincula en nuestra búsqueda de una forma práctica para explorar el espesor de la danza y lo que llamamos “danza molecular”.

¡Comencemos!


¿Quién fue Bergson?

Henry Bergson nació en París, Francia, en 1859 y murió en 1941. Fue el segundo de siete hermanos de una familia judía. Hijo de padre polaco y madre irlandesa, fue profesor del prestigioso Colegio de France de 1900 hasta 1924. También fue miembro del Instituto de Ciencias Morales y Políticas y de la Academia Francesa. En 1928 recibió el Premio Nobel de Literatura y fue presidente de la Comisión de Cooperación Intelectual de la Sociedad de las Naciones, que luego se transformara en la ONU. Este filósofo francés, hoy en día está olvidado, pero fue una figura decisiva e influyente para la sociedad de principios del siglo XX porque en aquel tiempo, se produce una fuerte reacción ante el positivismo, con el fin de establecer el carácter irreductible del ser humano a la naturaleza. La estrategia consistía en encontrar y acreditar ciertos aspectos (valores estéticos y mentales, la libertad, el finalismo) que constituyen el «mundo del espíritu» y hallar caminos, que sean distintos a los de las ciencias naturales, hacia esos ámbitos.

Antecedentes de su Filosofía:
• La filosofía no puede ser absorbida por la ciencia: tiene problemas y procedimientos distintos.
• La especificidad del hombre: interioridad (incluyendo a la memoria), libertad, conciencia, reflexión.
• Necesidad de un método propio que escuche la voz de la conciencia.
• Hay que investigar los límites del saber científico.
• La naturaleza está determinada por un designio finalista y providencial.
• Los temas principales de estudio son Dios y el ser humano, como ser libre y responsable, que se crea a sí mismo y, al hacerlo, crea el sentido de las cosas.

Acerca de su pensamiento

Bergson plantea un contraste entre la inteligencia que intenta comprender el mundo y por otro lado, la conciencia, por los cuales se nos revela el mundo; la inteligencia actúa por esquemas, tomando un fragmento de realidad, “deteniéndola” para analizarla, mientras que la realidad se nos presenta como un contínuum. En este sentido la inteligencia puede ser útil, y práctica para la vida, pero se trata de una utilidad restringida, porque el verdadero conocimiento de la continuidad de la vida, se da por una intuición filosófica que nos pone en contacto con la fluidez y el flujo de la vida. Estudiando a Spencer, Bergson descubre que el concepto del tiempo definido por la mecánica, por la tradición científicas y filosóficas occidentales, no es el tiempo real, sino más bien un concepto del “tiempo espacializado” y en consecuencia cuantitativo, mesurable y abstracto.

La pregunta sobre el tiempo que se hace Bergson refiere a: si el tiempo es infinito, si viene de lo infinito y transcurre hacia lo infinito ¿porqué no todas las cosas no han sucedido ya?; ¿Por qué existe una sucesión de las cosas? Entonces aquí introduce el término de la duración, puesto que la duración permite que las cosas transcurran y no se superpongan unas a otras, por decirlo de alguna manera, y la conciencia es el sentido de esa duración. La duración del mundo es lo primero que captamos en nuestra conciencia; si nos quitan el sentido de la duración, prácticamente la conciencia desaparece, y ¿cómo se registra esa duración? en forma de memoria. La memoria humana es lo central de la conciencia porque es el registro de la duración.


«Restituyamos al movimiento,

su movilidad,

al cambio su fluidez,

al tiempo su duración».


«Como no ver sin embargo,

que la esencia de la duración es fluir,

y que lo estable pegado a lo estable

no hará jamás que algo dure».

La idea de proceso, de evolución es central en todo el pensamiento de Bergson, su obra más conocida, “La Evolución creadora”, trata de cómo el tiempo, desde un núcleo central (mítico en los orígenes que ni siquiera podemos identificar), va evolucionando, diversificando, creando diversidad de cosas que aparentemente se separan y luego confluyen movidas por lo que él llama “impulso vital”. La evolución no es un proceso mecánico, es un proceso que se desarrolla de adentro hacia afuera, desde una fuerza interior. Así su mirada se basa en la ciencia de su época, en la teoría de la evolución, en la biología, con un sentimiento intuitivo y casi místico del impulso de la vida que se abre paso a través de los siglos, siempre creando, siempre inventando. Para él la realidad misma está continuamente inventándose y creándose, Dios mismo es un continuo surgimiento.

El TODO, el universo, es la coexistencia de las distintas duraciones: las hay más intensas, la conciencia, la memoria, el impulso vital; las hay más dispersas y extensas, las materiales. No difieren entre sí por grados de naturaleza sino por grados de intensidad. Por eso propone LA INTUICIÓN filosófica como Método de Conocimiento; la intuición descubre y comprende la vida como duración. Mientras la ciencia piensa el tiempo espacializado y medido, él descubre el tiempo como movimiento y mutación; el tiempo que transcurre como evolución creadora. A eso que es la condición de la novedad, nombra como duración. Dice que la intuición es retorno a la percepción, a un momento anterior al engarce con la utilidad, al momento previo a su toma por lógica del espacio y por el lenguaje. Esta filosofía no descubre una razón conocedora más allá de la percepción, sino que se propone recomenzar más acá, más en la afinidad que en la distancia.

Una metafísica capaz de ahondar en la percepción para “hundirse en las cosas” y de conocer por el “roce con el puro querer”. Conocimiento de la inmersión, del roce, de la inmanencia, del arrojo; es en la acción libre cuando la conciencia está arrojada al acto, que puede percibir su propia potencia desplegándose, y comprender así, por afinidad con él, el despliegue del impulso vital.  Y si las cosas pueden ser comprendidas en ese acto único e indivisible de la inmersión es porque ellas evidencian no la ausencia total de la duración sino el momento de su detención; conservan la huella del gesto creador que se deshace. Nos dice que entre conciencia y materia, (entre memoria y materia, entre duración y materia) no hay diferencia de naturaleza sino grado de intensidad. La memoria es duración; contiene en sí misma la persistencia del pasado en el presente, volcado a su vez hacia el futuro. La memoria, al ser la vida del espíritu, trasciende los límites del cuerpo, porque es la memoria la que define al ser humano como espiritual.

Para Bergson existen 2 tipos de memoria: la corporal, que consiste en una articulación de mecanismos motores o hábitos y que produce, ante cierto estímulo, una repetición mecánica de lo aprendido. Por otro lado la memoria pura o espiritual, que registra representacionalmente, todos los sucesos de nuestra vida. Esta memoria es filtrada por el cerebro para hacer posible la acción. La memoria humana es lo central de la conciencia, según Bergson porque es el registro del sentido de duración. La conciencia es un ámbito privilegiado de la duración. Conciencia lleva a una peculiar falta de intranquilidad; es puro cambio, tensión, posibilidad continua. La duración como multiplicidad cualitativa refiere a que la duración pura es lo que cambia por naturaleza; es la heterogeneidad pura. En el momento en que atribuimos la menor homogeneidad a la duración, introducimos subrepticiamente el espacio, esto sucede cuando consideramos los estados de conciencia como estados separados y externos entre sí.

"Intuición: reencontrar la duración verdadera"

Dice Bergson: “En la duración no hay nada que pueda repetirse”: Es el ámbito de la diferencia; de la pura cualidad; del policentrismo, de la ausencia de referencias privilegiadas que puedan ordenar conjuntos homogéneos. Es el puro reino de la dispersión de la originalidad.” Para Bergson se trata de conocer tratando de clarificar una intuición, que en general es oscura, que aparece en el puro devenir. La realidad en el puro devenir, es intuida primariamente en la conciencia de la propia vida mental, en su ininterrumpido fluir. Entonces, el tiempo real implica el concepto de sucesión; un momento se suelda y crece con el otro. Así, el tiempo nunca se mantiene idéntico a sí mismo. 

El primer elemento de la duración temporal es el pasado, el cual siempre se conserva en la serie temporal y es continuamente transformado hacia el camino del porvenir.

La pregunta por el tiempo, es una de las preguntas existenciales que todxs nos hicimos alguna vez incluso en edades tempranas, y forman parte de las grandes preguntas tan difíciles de abordar y que a lo largo de la historia nos vamos respondiendo de diferentes maneras. Ahora que ya recorrimos brevemente la mirada de Bergson sobre el tiempo lxs invito a reflexionar un poco acerca de cómo se relaciona el concepto de duración y espesor del tiempo con la exploración de la danza desde el butoh.

¿Cómo se relaciona la filosofía de Bergson con la Danza Butoh?

La danza butoh como experiencia, nos regala una concepción mítica del tiempo preveniente del pensamiento japonés conocida como “MA”: espacio/tiempo, pausa, abertura, intervalo. En esta concepción espacio y tiempo van juntos, surgen de una captación interna que fluye con el alrededor, no son percibidas como realidades objetivas, intelectuales y aisladas entre sí. El cuerpo no está apartado de la naturaleza ni del cosmos, está en flujo, lo que marca una relación particular entre “adentro y afuera” del cuerpo. Por eso, lo primero que hacemos en el entrenamiento consiste en soltar, vaciar y habilitar o despertar un modo de percepción extra cotidiana, donde las reglas del tiempo se rehacen de momento a momento.

 

El butoh como una “danza de las transformaciones”, nos plantea la pregunta: ¿quién soy?, ¿cómo sigue el viaje? Tengamos en cuenta que no buscamos una respuesta identitaria cerrada, fija, permanente, ni cucho menos psicológico o racional. Buscamos componer sentido desde los órganos, la piel, los huesos. Explorar la transformación del cuerpo en la multiplicidad del devenir y hacer visibles esas fuerzas anárquicas o anónimas que componen un cuerpo; fuerzas que muchas veces son difíciles de nombrar pero no obstante son reales, concretas, las podemos intuir y “hacer carne”, encarnar. En este viaje de la transformación, la intuición es clave; intuir y escuchar desde nuestra propia materialidad física qué sentidos se despiertan mientras somxs bailados.

Con la práctica exploras que la diferencia de naturaleza entre percibir y moverse, entre sensación y movimiento se reduce: “mi cuerpo en el presente”, está situado entre flujos de materia, centro de acción y al mismo tiempo de percepción. Mi cuerpo aparece al mismo tiempo como materia, él mismo movimientos y él mismo duración. “Mi presente es entonces este movimiento en todos los sentidos, movimientos de materia. Nuestro presente es la materialidad misma de nuestra existencia, es decir un conjunto de sensaciones y de movimientos.”. Nuestra práctica provoca un importante foco de atención en lo que muda, develando al mismo tiempo, y muy fuertemente, las permanencias. La escucha del tiempo es una escucha que siente; navega en las sensaciones, en las permanencias y errando avanza entre los cambios internos que persisten continuando.

 

Ahora bien, cuando bailamos aparece la pregunta: ¿Qué le hace la duración a las “cosas”? Si decimos que el “presente dura”, entonces la danza surge de una base espesa que cambia y persiste al mismo tiempo. Percepción y composición se acercan y se retroalimentan. Componer supone trabajar directamente sobre la evanescencia, de aquello que no cesa de desaparecer-aparecer en el presente.  Así, el presente es el “entre” de la composición con sus dos filos graduales: evanescencia e imprevisibilidad. Cuando bailamos nos preguntamos ¿qué es lo que hace durar un “acontecimiento”?, ¿cuánto puede durar un gesto?, entonces es preciso que el estado que llamo “mi presente”,sea simultáneamente una percepción del pasado inmediato y una determinación del porvenir inmediato. De esta manera, la dramaturgia en danza se ancla en el propio trabajo perceptivo y no en una narración en cuya trama se insertarán más adelante los movimientos.

Esto nos ubica en una producción de sentido producción de ficción
en el interior del sistema sensorial.

La danza butoh, así como otras lenguajes contemporáneos, investiga a partir del surgimiento de las dinámicas en la materia y no a partir de un molde dado desde el exterior. Es por eso que decimos, “no a la representación, no a la ilustración, no a la interpretación” de aquello que acontece y que no cesa de buscar y componer sentido. Un sentido abierto, múltiple contradictorio, porque ser bailadx, “estar permaneciendo” allí, durando en “algo”, es “estar ahí y estar con”, es una afirmación: un SI compartido que dura por un tiempo. La afirmación, como dice Bergson, es afirmación de vida con lo que ella tiene de violencia de desgarro y de conflicto, no por lo que ello supondría de redención ni de positividad ni de benéfico; se afirma lo que existe en lo que tiene de no reconciliado, lo que tiene de irreconciliable, lo que tiene de fuerzas capaces de negarlo y transformar la afirmación. Entonces es afirmación de la mutación constante de esta innovación que no cesa de abrir las compuertas de lo dado.

«Kukulkán» Dir: Tamia Rivero (2019

Ciclo de Danza: «Es bailnado», Excéntrico de la 18, CABA.

Por eso en las clases nos interesa hacer hincapié en que investigar la composición desde la improvisación, supone que la percepción sea producción o presentación de algo, para que dicho momento de improvisación no sea una simple introspección individual y entregue algo en parte. Y es necesario que para evitar que eso sea una simple transcripción de la realidad o una representación, ese lugar “entre” de la percepción, sea la ocasión de una intensificación, de un agenciamiento, de una actitud física, es decir de una composición. Por eso, tallar en el presente, escribir con el cuerpo desde su fisicalidad supone afirmar un presente atravesado en su espesor, en tanto una continuidad heterogénea. Cuando nos preguntamos ¿cuánto dura un momento, una acción, una cierta organización, un cambio, la construcción de una nueva “cosa”? aparecen muchas cosas sucediendo, durando, a la vez. El tiempo como tensión entre movimiento y reposo -estabilidad e inestabilidad-.

Si te interesa ampliar esta concepción de la composición del cuerpo en la danza butoh te invito a leer el artículo “Spinoza y el Butoh” donde te cuento acerca de otra filosofía muy diferente a la moral judeocristiana, a la que estamos acostumbrados, donde la determinación de los cuerpxs, el “¿quién soy?”, está dada por lo que pueden efectuar, por sus potencias, por sus capacidades de afectar y de ser afectados. La composición de lxs cuerpxs, es una relación de fuerzas que se componen y descomponen incesantemente. Así nuestra averiguación poética del quién soy se da por composición de relaciones; relaciones de velocidad y quietud, de movimiento y reposo. Se desata aquí una apertura en el tiempo de lo que se sostiene. Para componer sobre la repetición aparece la diferencia, una variación, una miniatura aparece como cambio o el cambio como miniatura, que emergen sobre esa continuidad espesa. Aparece una retención que libera una dinámica del micro cambio.

"Yo no bailo en el lugar, soy el lugar”
Min Tanaka

Muchas veces el butoh queda reducido a una “danza lenta”, pero prefiero hablar de retención en vez de lentitud, como el lugar para investigar una “danza molecular”, es decir  micro-cambios en la materia. La composición pasa por hacer visible las sensaciones como paleta de intensidades afectivas. El espesor se vuelve el lugar de una duración material, de una emoción. Se produce una dilatación de la energía en el tiempo y una retención en el espacio. Aparece el trayecto con el espesor de la coexistencia virtual del tiempo. Por eso en esta danza son tan importantes las palabras y las imágenes, porque se vuelven llaves a la hora de indagar la exploración. 

Por imagen entendemos lo que  en palabras de Bergson define como: “una cierta existencia qué es más que lo que el idealismo llama una representación, pero menos que lo que el realismo llama una cosa; una existencia situada a medio camino entre la cosa y la representación”.

De este modo, es muy interesante los sentidos que aparecen al ser bailadxs por un devenir impersonal o universal si se quiere, que se singulariza al ser encarnado por tu “aquí y ahora” específico, el presente de tu danza en donde coexisten pasado, presente y futuro. En su libro de Crítica y Clínica Dice Deleuze dice: “La imagen no sólo es trayecto sino devenir. El devenir es lo que sustenta el trayecto, es lo que convierte lo imaginario en un devenir. Los dos mapas el de los trayectos y el de los afectos, remiten el uno al otro. (…) Es la determinación del devenir, su potencia propia, la potencia de un impersonal que no es una generalidad, sino una singularidad en su punto más alto: por ejemplo, no hacemos el caballo como tampoco imitamos a tal caballo, sino que uno se vuelve un caballo, alcanzando una zona de vecindad en la que no podemos distinguir entre nosotros y aquello en lo que nos estamos convirtiendo. (…) Los trayectos son tan reales como imaginarios son los devenires”.

“Entendemos por sensación aquellas potencias que se despiertan desde la ausencia de ruidos cotidianos -mentales, rutinarios- y provienen de un tejido móvil y cambiante cuya trama es un cúmulo de memorias: personal, ancestral, vegetal, animal, mineral, cósmica.”
Rhea Volij

Podemos reconocer que un peligro del butoh es quedar sujeto a una representación de la naturaleza y nada es más alejado de su espíritu. Volverme caballo, fuego o feto que sueña, implica siempre una “consternación”; si al ser bailadxs por el espíritu del árbol, sólo hacemos la forma, lo ilustramos, nos perdemos de indagar en los espesores de la sensación que trae esa particular transformación. Nos privamos de entrar a fondo en las diferentes capas de información que enriquecen el sentido y que formalmente resultan composiciones más atractivas. Recordemos que el cuerpo habitado se presenta como un paisaje de sensaciones, donde nada de lo que se produce resulta una obviedad, una ilustración. Desde esta visión cuando bailamos sabemos que estamos habitados con al menos seis memorias que nos revelan por pliegues, quiénes somos y qué potencias podemos efectuar a cada instante.

Por todo lo comentado y para ir cerrando retomamos la idea del inicio en donde la pregunta existencial del butoh supone cierta averiguación poética e intuitiva, sobre quiénes somos a cada instante. Y el butoh como experiencia para quien lo baila, le interpela los automatismos temporales, y le pide todo el tiempo presencia, estar ahí presente. 

Al espectador, le propone tomarse el tiempo para mirar, zambullirse en aquello que sucede. Propone otra forma de ver una danza invitándole a hundirse en el paisaje físico del intérprete, su ámbito poético; ese es su escenario en donde acontece el drama, el conflicto. Lo narrativo siempre pasa por el proceso de transformación de lxs cuerpx danzando.  

«Kukulkán», Dir: Tamia Rivero (2018)             

 Ciclo de Danza: «El Cuerpo y su doble»           

C. C. Borges, CABA.              

Personalmente esta práctica me permitió abrir los ojos a la experiencia del presente y afilar la percepción para descubrir en el accidente, en el azar, en el error la posibilidad de una construcción, de una composición, de una afirmación. Como actriz encontré en su filosofía, una herramienta de entrenamiento para estar disponible a la conducta orgánica, recibiendo y creando con lo que hay a mano, bien cerca, en un aquí y ahora minado para la creatividad. Espero que el material sea un aporte inspirador para seguir investigando y profundizando sobre la presencia escénica.


¡Nos vemos en la próxima!

Tamia