No sé vos pero yo muchas veces siento unos pájaros adentro de mi cabeza que no paran de hablar. Es una radio mental que algunas veces suena tan fuerte que no me deja escuchar-me y hasta a veces me confunde.
Esa vocecita interna habla de mis miedos, prejuicios o creencias que salen cuando quiero hacer algo diferente o algo donde me voy a exponer un poco más.
Con el tiempo, buscando ayuda, acompañamiento y mucho trabajo personal aprendí a entender y convivir con muchas de esas voces. Aprendí a bajarles el volumen, reconociendo que cada tanto aparecen. Y van a seguir apareciendo.
Porque sé que cada proyecto que me desafía, cada nuevo paso o crecimiento artístico que doy trae el combo de unos cuantos miedos a trabajar.
Y al final de eso se trata, con cada avance surgen nuevas limitaciones a trabajar que son parte del proceso de crecimiento.
Hoy te quiero compartir los mitos y miedos de crear que tuve (y tengo!) que trabajar en mi propio camino com intérprete-creadora y emprendedora de PDC. Para que si vos tenés los mismos o si alguna vez los ves venir, no te sientas tan sol@, porque estuve en esa intensidad emocional y creo que el camino puede ser más sencillo si vamos acompañad@s!
Este miedo fue uno de los que más me frenaba antes de animarme a empezar.
Siempre pensé que no me había perfeccionado lo suficiente en butoh como para ponerme a crear un unipersonal mezclando butoh y teatro. Sí, tenía experiencia como actriz, ya había dirigido un espectáculo y tenía algunos años de experiencia en la creación experimental… “¿Pero eso era ser experta en crear sola? Seguro había y hay muchas personas más expertas que yo… ¿Quién era yo para ponerme a crear en eso?”
No se si alguna vez te pasa esto. Sentir que no tenés el perfeccionamiento suficientes para ponerte a enseñar, hablar o compartir de un tema. Que hay otros que deben saber mucho más que vos.
Lo que aprendí es que no es necesario ser la más experta para empezar a crear. Porque el proceso te invita a conectarte con tus posibilidades y fortalezas, para descubrir tu propia búsqueda artística. Es algo que nadie lo puede hacer por vos, lo tenés que transitar vos misma.
Es tu experiencia, tus aprendizajes y tu perspectiva lo que le darán a la creación el toque personal y único de tu mirada.
No necesitas el permiso de nadie para empezar y la experiencia se hace haciendo. Creo que lo más importante no es ser la más experta sino ser auténtica. Buscar algo genuino, y lo genuino no tiene recetas. Vas a necesitar explorar y experimentar y seguro te vas a equivocar en el camino.
Porque es así, si no sos experta en la práctica porque recién estás comenzando no intentes posicionarte como tal, ni esperar el resultado perfecto desde el minuto cero. Si sos sincera y te aclarás desde un principio que lo que estás compartiendo o haciendo es desde tu experiencia, lo que sabés o lo que vas aprendiendo y descubriendo en el camino… que no necesariamente es lo mejor ni la única verdad, vas a conectar con esa autenticidad que a lo largo del proceso se irá modificando y perfeccionando.
Siempre veía a la gente de arte escénicas súper extrovertida, haciendo videos como si fuese lo más natural del mundo, mostrando su vida privada, hablando de acá para allá… y yo que me muero de vergüenza pensaba “no tengo lo que se necesita para el teatro, para el arte”
No te das una idea lo que me costó empezar a hablar y decir las cosas tal cual las pienso. Encontrar el tono de mi comunicación virtual tratando de ser auténtica. Porque siempre tuve muchos prejuicios con las redes sociales, sentía que le vendía mi alma al diablo, es decir a facebook. :)
Por suerte pude dejar a un lado a mi rebelde sin causa y entendí que si quería crecer con PDC, tenía mucho por delante para difundir el butoh, mostrar sus aportes y beneficios para la vida misma y para las artes escénicas
Así que me animé a interactuar con las redes. Subo mis fotos de perfil y utilizo los canales de difusión para compartir el apasionante mundo híbrido que hay entre el teatro y el butoh.
Porque eso hace que las personas que están del otro lado leyendo como vos, me puedan conocer, ver la cara. Puedan conectarse con alguien real y humana del otro lado de la pantalla, que todavía no es un robot. ¡Hola!
Porque en las redes abunda la positividad y pareciera que todas las vidas son felices y exitosas.. El perfil que más publicidad tiene no es el único. No hay que dejar de perfeccionarse para ser intérprete-gestora, no hay que tener menos de 30 para ser artista “exitosa” y no es necesario ser extrovertida y totalmente confiada para poder ayudar a otr@s.
Ser creadora y gestora, no es un tipo de personalidad. Es crear algo, crear tu propio camino, sea una performance o un curso. Es escuchar la voz de tus inquietudes e intereses y animarte a un proceso de transformación y crecimiento que va en paralelo con la obra y tu profesión.
Y para mí lo mejor es ir adaptando la creación a mi personalidad y mis fortalezas, y no al revés. Porque si intento entrar en un género, en una receta, en una forma de hacer que veo que funciona afuera, que está de moda, que es tendencia, lo más seguro es que caiga en algo falso y de plástico que tampoco me funcionará.
Lo importante es entender cuáles son tus fortalezas, tu personalidad y el tipo de creación-comunicación que querés construir con tu comunidad, espectadores, audiencia, como se dice ahora, para explorar al máximo eso que te sale más natural.
En mi caso por ejemplo, con PDC me di cuenta que hacer videos no era mi fuerte y lo que más disfrutaba era escribir, me sale fácil. Hace rato colaboro en proyectos de investigación académica, por eso estoy entrenada en reflexionar sobre metodologías y procesos de aprendizaje interdisciplinario. Entonces me centré en el Blog buscando una escritura menos institucional y más personal para compartir contenido de valor desde mi singular mirada.
Por supuesto que a veces vas a tener que hacer cosas que quizás no te salen tan natural o te cuestan más, pero para mí lo importante es que el foco de tu búsqueda no gire alrededor de eso, y que en todo caso te sirva como una señal para mejorar y perfeccionarte en la pata floja que sí te interesa, para que puedas disfrutar el proceso porque cada proceso de creación te invita a crecer y mejorar en algo.
Creo que en el mundo en general y del arte en particular puede ser visto como un mundo competitivo o colaborativo. Yo elijo creer que “la salida es colectiva”. Vengo del mundo del teatro independiente donde históricamente hemos desarrollado una mentalidad colaborativa, colectiva, autogestiva y con foco en la organización y la asociación.
L@s teatristas creemos en las cooperativas de trabajo. Sin embargo en el campo de la danza todavía hay muucho por conquistar y se está luchando por una Ley Nacional de Danza.
Por eso aprendí y descubrí dos cosas:
Así que hay que tener cuidado cuando vemos a otr@s y con las comparaciones que hacemos. Porque a veces nos comparamos con gente que está hace muchísimo más tiempo haciendo eso o que sólo sabemos un 10% de su historia.
A veces es mejor mirar menos para afuera y enfocarse más en lo de un@, no perder la perspectiva de por qué estás haciendo lo que estás haciendo y seguir haciéndolo con tu enfoque único, con tu personalidad, sin desviarte por cómo lo hace la de al lado o lo que dijo el de enfrente.
Cuando grabé por primera vez, mi primer canción tenía la sensación de que podía mejorar muchísimo la entonación y me había obsesionado con hacer otra toma. En cambio el productor musical no quería cambiar esa parte y defendió su postura a capa y espada! Me dijo: “Acá yo veo a una vieja anciana alrededor del fuego cantando y contando historias, siento eso ritual”
Me súper sorprendió que viera imágenes y claramente logré comunicar desde mi actriz que tiene su fuerte en la interpretación. Y entendí que ahí había una verdad, algo muy genuino que era mucho más fundamental en la comunicación y que no se podía perder.
Entendí que el primer espectáculo que dirigí y el primer disco que compuse puede ser una obra editable todo el tiempo.
Tuve que aprender que en una creación hay muchas cosas que se reformulan, porque la búsqueda es como un ser vivo que va evolucionando, mejorando, cambiando… pero que abre preguntas continuamente.
Vas aprendiendo de otros lenguajes y consolidás una mirada global de la obra en sus 3 etapas de creación, producción y circulación. Te das cuenta cuándo podes traducir procedimientos de un lenguaje a otro y cuando necesitás otras herramientas o pedir ayuda. Vas conociendo cosas nuevas de vos misma; quizás implicas más tu historia biografía, o terminás creando en un formato nuevo que cuando empezaste ni te habías imaginado. Y también, te das cuenta que hay cosas que ya no te interesan más, que hay que soltar…
Justamente porque vas aprendiendo cosas nuevas del contacto con tu comunidad, la audiencia, del proceso de la producción y circulación, de la obra, del curso y de vos misma, muchas partes de tu búsqueda artística-docente-autogestiva están en constante evolución. Porque vos estás en constante evolución.
Es como un ciclo continuo de hacer, escucharse, aprender, ajustar… hacer, aprender, ajustar…
Así que aprendes a vivir con cosas más abiertas, con cambios más continuos. Aprender a empezar con las versiones no “finales y perfectas” de las cosas y modificar y mejorar en el camino. ¡¡Dejar de lado el perfeccionismo y avanzar y ajustar en el camino!! Ahhh es algo que me cuesta un montón y sigo trabajando!!
Una de las cosas que más me costó a la hora de crear mis unipersonales fue asumir la responsabilidad de la soledad y la auto-disciplina. Yo venía de un grupo de teatro de 8 integrantes. Ensayábamos lunes, miércoles y viernes 3 horas por día. Los martes nuestra reunión semanal, y entre viernes y domingos teníamos la programación de espectáculos en nuestra sala de teatro. Literalmente “vivía en el teatro”.
Mis compañer@s eran mi segunda familia, nos sentíamos una tribu. Por eso encarar y concretar mi primer unipersonal fue mucho más difícil de lo que imaginaba porque sentía que estaba renunciando a una parte de mi identidad: el trabajo en grupo.
Al principio estaba muy desorientada, estaba sin director que me dijera por dónde empezar. Me armé un cronograma de ensayos súper ajustado con objetivos a cumplir a mediano y largo plazo. Pero me costaba mucho disfrutar el proceso sin pensar en el resultado.
Me había llenado de auto-exigencias y además de eso, me costaba no tener la energía de otros que te tiran para adelante cuando vos no estás con tantas ganas o cuando te agarra alguna duda.
Esa mirada externa que te abre los ojos de algo que no estabas viendo o te da una segunda opinión que te ayuda a resolver algo en lo que venías estancada.
Esto lo sigo trabajando sobre todo en lo creativo y voy aprendiendo a armar equipos creativos para no sentirme sola aunque esté trabajando sola.
Participar de tutorías o clínicas de creación, valorizar el rol del asistente de dirección y priorizar a personas que realmente tengan el tiempo para explorar juntas, colaborar en proyectos de investigación como con el Equipo de Antropología del Cuerpo y la Performance, participar de Agrupaciones como PIT (Profesorxs Independientes de Teatro), hacer alianzas con otras colegas hacer algún proyecto juntas como el Ciclo de Danza “Es Bailando”, o el curso de teatro y butoh “La escena Olvidada” , perfeccionarme en otros cursos, participar en grupos de estudio, organizar entrenamientos grupales con amig@, asistir a conferencias y charlas..
¡Lo que se te ocurra! Que trabajar sola no signifique que tengas que estar o sentirte sola. Arma tu rutina y agregarle cosas para asegurarte que tengas ese contacto con otr@s taaan necesario y valioso.
Prácticas del Cuerpo, es el espacio donde puedo desarrollar mis talentos y fortalezas sin duda. Es un privilegio trabajar 100% de lo que elijo. Ser mi propia jefa, tener la flexibilidad de horarios, y la tarea creativa de pensar nuevos cursos, diseñar guías y tutoriales, mejorar la formación que ya existe, ensayar materiales escénicos y realizar las tareas de gestión de mis proyectos.
Y aunque soy consciente de todo lo bueno de la autogestión, también es verdad que hay días o proyectos que igual me cuestan un montón. Y prefería mirar películas o salir de paseo, y encarar cualquier distracción.
¡¡Lo que aprendí es que eso no quiere decir que no me apasione lo que hago!! Porque al principio sentía una culpa terrible.
Sentía esa vocecita de la radio mental con pensamientos como “claramente no tenes disciplina si no te podés sentar a hacer/crear esto que supuestamente te apasiona”, “quizás no te apasiona tanto la creación-docencia como pensabas”, y bla bla …
Pero me di cuenta simplemente que muchas veces cuando tenemos que sentarnos a hacer algo nuevo, más desafiante, que nos implica más tiempo o aprender algo nuevo…. nuestro cerebro va a poner toda la resistencia posible y de repente cualquier otra actividad va a sonar mucho más emocionante.
Porque obviamente salir a tomar un helado en el corto plazo es más emocionante que sentarse con una hoja en blanco a tratar de escribir un nuevo artículo, entrenar sola, crear tal material escénico o re-diseñar el curso de formación o re-escribir los textos de la web.
Que algo cueste esfuerzo no significa que no te apasione. Simplemente cuesta esfuerzo.
Y hay que vencer esa barrera monumental que muchas veces nos pone nuestro propio cerebro, porque prefiere quedarse cómodo haciendo lo que ya conoce, lo que le sale más fácil, lo que no le requiere ningún esfuerzo. ¡El cerebro es burgués no lo olvidemos! :)
Esto es bastante difícil porque estamos bombardeadas de mucha información, de gurúes que tienen la solución mágica y siempre hay algún familiar o amiga que les gusta opinar de todo.
Cuando inicié mi primer trabajo unipersonal estaba recién llegada a Buenos Aires, una capital del teatro. De lunes a lunes tenía todas las carteleras del circuito oficial y del underground, para ver.
Para perfeccionarme me la pasaba leyendo todo lo que me llegaba, quería hacer todos los cursos de danza-teatro, y en las charlas con amig@s siempre había una técnica diferentes o un referente que venía de afuera por única vez y no te lo podías perder.
Me acuerdo que una vez un amig@ me dijo: “Tenés más hambre de información que la capacidad que tenés de procesar”. Y fue una caída de ficha terrible, una de las cosas que más me ha costado trabajar.
Tuve que aprender a filtrar lo que realmente me interesaba y animarme a elegir sabiendo que no se puede todo y que decidir es un compromiso. En mi caso tiene que ver con un auto-conocimiento, confianza y una maduración que vino con el tiempo.
“No hay que escuchar a todo el mundo, hay que aprender a filtrar la información. Hoy por hoy tengo muy en claro a quién escuchar y a quiénes no. A quién leer y a quiénes no. Porque nuestro tiempo es extremadamente limitado y si nos la pasamos consumiendo información, nos queda muy poco tiempo para crear y hacer lo que queremos hacer.
Así que creo que es mejor elegir escuchar y leer a unos pocos, esos que hicieron lo que querés hacer o que te ayudan para la etapa puntual en la que estás ahora con tu creación. El resto puede esperar, ¡no te perdés nada!
En este punto tengo que admitir que me fui de un extremo al otro hasta encontrar mi punto medio. Como les decía cuando me encontré creando sola, venía acostumbrada al estilo pedagógico de la antropología teatral, con mucha disciplina, un grupo de mucha organización y planificación de la vida.
Claro, como me sentía sin la estructura grupal me impuse un cronograma ideal como si se tratara de una beca de investigación con fechas y resultados divinos pero imposibles en la vida real.
Me encontré en los ensayos tan obsesionada con los objetivos que tenía que cumplir sí o sí, que no podía disfrutar y conectar con lo lúdico del proceso creativo y me terminé lesionando. Un día me levanté y no podía caminar.
¡Estrellazo contra la pared! Apenas empecé a crear me di cuenta que en un proceso creativo experimental no habían fórmulas mágicas. Que escuchar mi voz, descubrir mi poética, experimentar entre el butoh y el teatro me pedían conectar con motivaciones más profundas y vitales para crear. No podía ser un simple trámite a ejecutar.
La lesión me dejó un poco “asustada”, y quise indagar en lo que me pasaba. Aparecieron temáticas incómodas, frustraciones, duelos, y todo ese material oscuro se convirtió en el abono fértil para crear y transmutar. Así le di espacio a la voz, al canto como una nueva potencia para desarrollar. Y más tarde cree mi programa de creación: Biodistorsión. Biografía, Escena y Creación.
Y luego en la organización de PDC me fui para el otro extremo. Pasé de organizar todo a hacer, hacer y hacer sin pensar mucho, sin planificar tanto.
Como suele suceder después encontré que el medio y el balance era la mejor opción.
Planificar para tener algún marco de referencia, un objetivo, prioridades claras… pero salir al mundo real lo más pronto posible para justamente probar contra la realidad y entonces volver al plan y ajustar lo que haya que ajustar.
Ir del plan a la realidad todas las veces posibles, en un ida y vuelta constante.
Si me encontré un gran “enemigo” en mi camino como intérprete- creadora-gestora fue definitivamente mi ego. Cada vez que tomé decisiones basadas en mi ego, terminaron no siendo las decisiones que más feliz me hacían o las correctas PARA MI. Y resalto PARA MI.
Así empecé mi primer unipersonal, con la cabeza por delante, buscando resultados y queriendo mostrar lo genial que me salía una destreza física sin hacer contacto con un sentido más profundo.
Ahí comprendí la importancia de escucharse a una misma. Y que a veces hay que parar para avanzar. Estaba pensando con mi ego y no realmente con lo que muy adentro mío sabía que quería o que me gustaba a mi realmente.
Cuando logré despojarme de eso empecé a tomar todas mis mejores decisiones. Y cuando tenés muy claro qué es lo que vos querés y por qué estás construyendo eso para TU vida, independientemente de la mirada de los demás o de lo que tu ego te diga, vas a ver como todas las piezas empiezan a encajar perfectamente. Como que todo va fluyendo de una manera mucho más natural.
Estos son algunos de los mitos o miedos que fui identificando a lo largo de estos años en mi camino. No son los únicos y seguramente no serán los últimos tampoco.
Quizás vos tengas los mismos o algunos totalmente diferentes.
Por supuesto en el momento son “molestos” o nos encantaría que no existiesen… ¡pero realmente creo que son una excelente señal! Una señal de que estamos haciendo algo que nos cuesta esfuerzo, algo nuevo, algo que seguramente valga la pena una vez que superemos ese miedo y nos animemos a avanzar.
Así que yo aprendí a vivirlos así… si aparecen es porque algo bueno debe haber del otro lado. Algunos me cuestan muchísimo más tiempo y trabajo que otros aceptarlos o superarlos, pero siempre cuando logré hacerlo valió demasiado mucho la pena!
Me encantaría que me cuentes en los comentarios de abajo si hay alguno de estos miedos que también te resulte familiar o si hay algún otro que estés sintiendo en este momento y no te permite avanzar. ¡Muchas veces sólo ponerlo por escrito ya nos ayuda a sacarle un poco de peso y procesarlo mejor!