Hay muchísimas formas de escribir textos para piezas de danza y/o teatro. En mi camino como intérprete-creadora aprendí que muchas veces es la misma creación la que te enseña los procedimientos de escritura y re-escritura. Porque en la creación experimental no siempre partimos de un texto escrito de antemano. Muchas veces (hay que crearlo!) y no sabemos cómo o por dónde partir.
Por eso, si estás pensando crear tu pieza escénica o si precisas llevar un texto a la escena pero no te consideras ni escritora ni dramaturga no te preocupes! En este artículo te comparto 5 técnicas diferentes de escribir textos, en forma individual o con tu equipo creativo. Vas a encontrar el paso a paso para crear una dramaturgia personal que conecte con tus intereses para encontrar tu estilo y marca personal.
Así que Comencemos!
El procedimiento del collage es muy conocido en fotografía como el fotomontaje. Se trata de com-poner (cortar y pegar) imágenes que vienen de diferentes estilos, autores, estéticas y universos que quizás no tienen nada en común pero a través del montage generan un nuevo campo semántico (de significado y sentido) y crean una nueva imagen, un nuevo orden. Este mismo procedimiento es aplicable para crear y ensayar la escritura. Es una forma de entretejer palabras ajenas y hacerlas propias desarrollando tu marca y estilo personal. Es algo así como reunir citas de diferentes autores que te interesan (quizás poesía o filosofía o crónicas o entrevistas..) mezclarlas, camuflarlas, fusionarlas, hibridizarlas y obtener como resultado una nueva dramaturgia.
«Debajo estas bocas» (2015) Festival de Nuevas Tendencias
Ejemplo: “En Debajo estas bocas” Mi primer unipersonal de teatro -butoh realicé un monólogo con retazos de la tragedia “Macbeth” de W. Shakespeare y con frases sueltas de diferentes poemas de “Museo Salvaje” de la escritora argentina Olga Orozco. Como verás las dos fuentes son literarias pero super diferentes en estilos, temáticas y épocas; la primera es un clásico inglés de la literatura universal del siglo XVII mientras que el segundo material fue escrito en el siglo XX por una mujer argentina. Sin embargo y pese a todas las distancias que hay, encontré que había un tono existencial y lírico que me permitía integrarlos. En definitiva, desarrollar la creatividad desde el cerebro artista, es combinar elementos muy dispares y ajenos entre sí.
1) Lectura y selección: Leí la tragedia completa y luego seleccione uno de los monólogos de la obra (el de más interés y fuerza dramática para mí!) y lo transcribí tal cual en una hoja en blanco. Lo mismo con los poemas. Agarrás otra hoja en blanco (o abrís otro archivo en blano ; sólo que transcribí no el poema entero sino las frases y versos que más me interesaban. En este punto cuidado con la ansiedad por el resultado final. En este paso te tenés que concentrar en CONECTAR solamente con lo que te interesa te gusta, motiva o te estimula la capacidad imaginativa y listo. Todavía no te preocupes de como vas a hacer para integrar y pegar lo que parece imposible.
2) Edición: Una vez que tuve los fragmentos de monólogos por un lado y los retazos sueltos con frases, versos, o palabras sueltas, en 2 hojas separadas, el segundo paso es fue abrir un tercer documento para entretejer las dos fuentes literarias. Aquí fui cortado y pegando, sacando, poniendo y agregando palabras conectores si era necesario. Ese es un primer boceto que luego vas trabajando, limpiando, ordenando, ajustando y una forma de ordenar un poco esa escritura es que tengas en cuenta ¿quién dice ese texto?, ¿dónde se encuentra (tiempo-lugar)?, ¿a quién le habla, a sí mismo o a otros?, ¿qué conflicto tiene? Es importante que estas preguntas sobre las “Circunstancias dadas” funcionen en como una guía para ordenar internamente la lógica del texto. No importa si esa lógica es totalmente explícita para quien ve o escucha pero si tiene que darte claridad a vos. En mi caso tomé la figura de una reina (araña) que se debate internamente sobre el crimen que ha cometido pero no especifiqué el espacio ni el lugar porque toda esa exploración fue resultado de ponerle el cuerpo investigando en los ensayos con la actuación y la danza.
3- Ensayo y Re-visión: Una vez que probé el texto con el cuerpo, descifrando el decir de la voz (tono, ritmo, volumen, proyección) se me fueron aclarando muuchas cosas, porque una cosa es texto escrito (lo que está en el plano de las ideas) y otra cosa es llevar ese texto a la escena. Al pasar por el cuerpo te das cuenta qué funciona y qué no, si es necesario cambiar alguna palabra, agregar más texto o acortar. Es fundamental que puedas soltar lo que te gustaba como sonaba (o te imaginabas!) pero no funciona y probar si cambiando la forma de decirlo funciona mejor. Acordate siempre de: Probar, Re-visar, Decidir y Ajustar.
Este procedimiento lo aprendí con Pompeyo Audivert como parte del entrenamiento de “La Máquina Teatral”. Es similar al anterior, sólo que lo practicas con tu cuerpo. Es un ejercicio que te permite improvisar un monólogo, actuarlo y desarrollar la capacidad asociativa potenciando la propia imaginación. Te lo explico en 3 pasos:
1) Preparar: Sobre una mesa vas a colocar hojas sueltas con textos de campos semánticos muy diferentes (poesía, biología, física cuántica, repostería, astrología, un manual de mecánica automotriz). Podes reciclar libros viejos y desmenuzarlos o hacer fotocopias de materiales que sean contrastantes y no tengan nada (pero nada!) que ver entre sí. Te recomiendo elegir poesía, drama o filosofía y algo muy terrenal como un manual de recetas para cocinar, por ejemplo. Te sugiero que tengas disponible muchas hojas para trabajar.
«Método del Recorte de Williams Borroughs»
2) Asociar: Mezclá las hojas y distribuilas por toda la mesa como si fueran cartas. Sentada en una silla, apoyas una mano en la mesa y con la otra elegís una hoja y de esa hoja seleccionas sólo una palabra, para decir de a una por vez. Para iniciar te propongo comenzar diciendo: “Yo… (en el lugar de los puntos suspensivos decís la palabra que elegiste) La razón de comenzar diciendo “yo”, radica en que así, fundas el acto, asumiendo la primera persona del singular, te situas en un aquí y ahora de la actuación para que las palabras muy poéticas tengan un anclaje terrenal, en el cuerpo.
Continuas eligiendo diferentes palabras al azar para entre-tejerlas utilizando las preposiciones (a, ante, bajo, cabe, con, etc.) como vínculos y conectores. Al principio concéntrate en lo simple del ejercicio: ir eligiendo una palabra por vez, y luego de un tiempo transcurrido ya vas a poder agregar 2 palabras o alguna frase más larga. Inclusive vos misma podes inventar una frase. Pero al inicio máximo dos palabras unidas una detrás de la otra con las preposiciones.
No te preocupes si al principio el recurso es muy esquemático, y todo suena muy deforme. Concentrate en tu aquí y ahora de la actuación; en respirar y sonar. Para eso es importante la fisicalidad de eso sonoro que suena más que el significado de la interpretación de la palabra.
Por eso es un ejercicio de actuación y de improvisación de la palabra poética al mismo tiempo. Al principio la palabra aparece rota, desencajada y desprendida de su campo semántico original. Lo que se ve y se escucha parece un discurso inconexo y delirante, pero a medida que el ejercicio avanza sucede una “reterritorialización” de esas palabras originales que ahora crean un nuevo universo que tiene su propia lógica.
Y ese es el desafío del ejercicio, crear una lógica otra (quizás surrealista, fantástica) dentro de lo que aparentemente parece que no tiene lógica. Pero sí la tiene, sólo que es una lógica teatral donde actúa el ritmo, los tonos, las dinámicas del cuerpo y la voz, los movimientos y los silencios y las detenciones también.
3-Improvisar: Mientras el ejercicio avanza pasa de un simple ejercicio de asociación a la aparición de la escena Entonces podes ir ganando autonomía e independencia en la actuación (despegarte de la mesa, hacer gestos, probar acciones, incluso ponerte de pie, caminar un poco, improvisar algo y luego volver a la silla). Por ejemplo supongamos que al inicio del ejercicio decís: “Yo, molécula ancestral contra emboscadas y sabotajes, bailo para mi ama, la noche”. Levantas una mano lentamente, liviana y luego decís otra cosa. Y así vas probando asociaciones del cuerpo y la palabra.
Si vas a utilizar este ejercicio para crear un monólogo podes grabarte y luego transcribir al papel. Una vez con el nuevo texto podés intervenir ese escrito más en frío, como una escritora, tachando palabras, agregando, quitando, como vimos en el método del collage.
Este ejercicio es un entrenamiento muy divertido porque a veces aparecen cosas impensadas y muy interesantes que luego podes dar forma mediante la composciión y la dramaturgia. Te lo súper recomiendo!
Otra forma de crear el texto escrito de una escena es realizar improvisaciones a partir de una imagen disparadora. Por imagen me refiero, en este caso, a una simple palabra como tema y motivo de la improvisación pero que también puede ser un recuerdo, sueño, cuento, novela, poesía, escrito filosófico, película, danza, anécdota personal, lo que sea. Improvisas, probás, ensayas y otra persona (que puede o no! saber de escritura y dramaturgia) registra toda la escena.
Luego se trata de ir ajustando ese texto escrito en forma de diálogo o monólogo lo que sea que estés investigando para memorizar. Y luego en un siguiente ensayo, con ese texto memorizado probas nuevamente si funciona o perdió la frescura y sentido que tenía al nacer. Recordá que siempre es probar, revisar y ajustar. Si por ejemplo te encontrás sola y no contás con una asistencia de dirección, podes acudir a las herramientas que nos brinda la tecnología y grabarte a vos misma ya sea sólo con audio o filmación.
Si elegís filmarte tené cuidado de no juzgarte por todo lo que ves porque siempre hay una vocecita perfeccionista que dice “no me gusta”.Trata de pasar esa barrera y confiá que todo es un proceso. Focalizá en analizar en este caso y únicamente cómo funciona el material textual (texto dicho) Concéntrate sólo en este tipo de texto (en definitiva todo espectáculo es texto) Pero ahora trabajá solamente la palabra y si te sentís estancada o perdida no te frustres! Quiero decir, si advertís que en la escritura no está tu fortaleza, entonces hay un gran potencial que podés desarrollar y mejorar. Y si no tenés idea cómo hacerlo siempre es bueno pedir ayuda y asesoramiento.
Hay miles de formas de explorar tu forma de escribir y cada proceso de creación te enseña cómo escribir.
Este procedimiento se desprende del anterior. En mi caso lo utilicé con el grupo con el que empecé a crear espectáculos desde la creación colectiva. En este proceso trabajé con 4 actrices, ninguna era experta en escritura, con el acompañamiento de la dirección que fue guiando el proceso.
El primer paso consistió en armar la Bitácora del espectáculo con fuentes y referencias de la literatura y el cine: el ensayo filosófico “El Banquete” de Platón, el clásico de ciencia ficción, la novela “Un mudo feliz” de Aldous, Huxley, “Estupor y Temblores” de Amelie Nothomb, el film “Brasil”
Segundo paso: Improvisar escenas grupalmente sobre la educación como temática.
Tercer paso: Cada actriz debía escribir el texto de la escena de la forma que quisiera. Esta consigna fue muy interesantes porque no teníamos una idea unificada sobre cómo escribir la escena y eso fue exactamente la riqueza del procedimiento. Porque en el intento de hacer algo que nunca antes habíamos hecho, cada una exploró libremente su propia forma de responder a la consigna.
Cuando compartimos los materiales que había escrito cada una, descubrimos que eran muy diferentes. Ejemplos; escrituras sobre aspectos técnicos o didascalias de la escena; relatos en prosa de los pensamientos o asociaciones del personaje principal; reflexiones en tono poético sobre el acto de educar; diálogos imaginarios entre las actrices; anécdotas personales que se habían disparado con la escena; y así, materiales muy personales y muy diferentes.
Cuarto paso: Armar un nuevo texto entrelazando las escrituras de cada una. Así nuevamente diseñamos la escena original con los nuevos aportes. Por ejemplo; memorizamos frases que servían para diálogos, o bien tomábamos algunas de las imágenes que habían surgido para profundizar reforzar un carácter de la escena que no habíamos considerado previamente.
También creacmos una canción con los materiales y así diferentes textos nos servían para diferentes aspectos de la puesta. Por ejemplo para precisar algo del vestuario de los personajes o de la forma de moverse, armar el imaginario previo “la historia previa”, implícita, tácita, lo que no ve explícitamente el espectador pero sí es relevante para la actriz para saber cómo manejarse en la escena.
Fue muy interesante cómo surgían nuevas escenas y los nexos entre cada una. Esta forma nos ayudó a entender la fábula global del espectáculo y los diferentes acontecimientos que a su vez contenían a cada una de las escenas. Ejemplo de fábula: Cuatro mujeres se reúnen clandestinamente para experimentar, a partir de su educación.
Ejemplo de Acontecimientos: 1) La llegada al lugar 2) La preparación del espacio 3) El nacimiento 4) Enseñar a caminar 5) La escuela 6) La clase de historia 7) La clase de criminalística 8) El primer beso 9) La cárcel 10) Las dificultades del experimento.
Fue un procedimiento multiplicador de escenas que nos sirvió para armar toda la dramaturgia del espectáculo.
La última técnica puede sonar simple, pero muchas veces es la más difícil de llevar a la práctica si dejamos que salga nuestro lado perfeccionista.
¿Por qué? Porque la clave para escribir textos que conecten es que salgan muy de adentro nuestro. Que escribamos sin pensar, sin inhibiciones, sin cuestionarnos si gustará o no gustará lo que estamos escribiendo. Que no escribamos pensando que lo vamos a compartir. Sino que escribamos dejando fluir lo que va saliendo. Sin filtrar, sin censurar, sin editar.
Dejando que el corazón y las vísceras sean protagonistas, en lugar de la cabeza.
Porque si empezamos a escribir y a la primera frase dejamos que aparezca el modo editor, el cerebro perfeccionista que va a querer ponerse a corregir, no vamos a escribir nada. A la primera frase vamos a escuchar que nuestra mente nos dice cosas como: “Ay no, esto no va a sonar bien”, “Mmmm cómo vas a decir esto”, “Ufff gustará?”… y miles de frenos que, lo único que van a lograr, es que te quedes bloqueada.
Tenemos que escribir, escribir, escribir y escribir… sin pensar, sin editar, sin cuestionar, sin corregir. Dejando que las palabras salgan como salgan.
Hay una frase que me encanta: “Escribe sin censuras y edita sin piedad” Viene bien como un acto de saber cuándo y cómo asumir cada rol. Y si hacemos la analogía con nuestro trabajo de intérpretes creadoras hay un momento que es la improvisación como vómito! Se que la imagen es fuerte pero es así, algo que sale en primera instancia como residuo y está bien que sea así, no te frenes. Luego sacá la dramaturga de adentro para tomar decisiones, elegir caminos, crear entretenimiento, emoción y convicción en la escritura.
Al principio puede costar, sobre todo si no estás acostumbrada a escribir o hace mucho que no lo hacés de forma rutinaria, pero te aseguro que una vez que empieces a practicarlo, las palabras van a ir fluyendo más fácil y va a llegar un momento en el que incluso vas a sentir que la mano escribe más rápido de lo que tu cabeza llega a procesar. Casi como si se estuviesen escribiendo solas.
Esta lista es 100% personal y por supuesto no es la única forma en que se puede hacer, ni quiere decir que sean las mejores para vos o tu pieza escénica.
Pero si hay algo que te puedo asegurar es que sólo explorando, practicando y escribiendo vas a mejorar tu escritura. No hay una forma de hacerlo ni tampoco trucos mágicos, lleva práctica y paciencia.
Así que espero que estas técnicas te sirvan para escribir tus textos que conecten (fuerte!) con tu mundo interior, pero sobre todo espero que te hayan despertado las ganas de escribir, practicar y mejorar día a día.
Porque cuanto más escribas, mejor te volverás escribiendo.