PRÁCTICAS DEL CUERPO

Danza Butoh
Teatro
& Performance

DANZA BUTOH

«LOS 4 MITOS SOBRE LA DANZA BUTOH»

La danza butoh es una práctica que despierta un gran interés por muchas razones, pero sin duda una razón fundamental por la que nos atrae es su origen japonés. Oriente aparece como una tierra exótica, enigmática, mítica, fantástica y peligrosa, que nos enfrenta a la alteridad.  Siempre es un campo de tensión para la traducción, los “malos entendidos”, que se dan dentro de procesos de fascinación y exotización donde Occidente construye a una Oriente.

Personalmente amo el estudio y la investigación de este lenguaje y en mi formación recibí una especial atención a los modos de nombrar, a la utilización de las palabras y así apareció un horizonte hacia la poesía y la filosofía, que no son disciplinas del movimiento, pero que sin embargo resultaban más precisas para poner en palabras los motores de esta danza. Por eso quiero deshilvanar ciertas “frases hechas” y compartirte algunos de los mitos más comunes que veo y escucho sobre el butoh para que podamos (re)pensarnos a la hora de bailar, investigar, o reflexionar.

 

Comenemos!

MITO I: EL BUTOH SE DEFINE POR LA ESTÉTICA DE CUERPXS PINTADOS DE BLANCO

Creo que el mito más grande que escucho incluso por gente especializada es que el butoh es una estética de cuerpxs desnudxs pintados de blanco. Muchxs caen en este error de reducir al butoh a sus orígenes y mirar ese nacimiento desde el pasado. Es como decir que el teatro se define por la literatura, cuando sabemos que hoy en día no es así, que puede existir sin texto pero no puede darse sin esa relación de performer y espectador, eso es lo esencial. Y en el caso del butoh puede existir lo más bien sin la pintura blanca; su devenir como lenguaje híbrido nos muestra un variado campo en donde cada artista construye su propia poética en las que puede estar presente el maquillaje corporal, pero no es condición sine qua non. Ahora bien, la pintura fue sin duda un aspecto relevante que surge con sus creadores pero que más tarde se propaga al resto del mundo y luego deja de utilizarse como única opción de visualidad. Les propongo preguntarnos ¿por qué?, ¿de dónde viene, qué funciones cumple, qué sentidos adquiere, qué condiciones de producción la hacen posible, y cómo se resignifica hoy en la ciudad de Buenos Aires?  

El butoh originario, utiliza pintura blanca porque es un elemento que está presente en su propia cultura y es parte de las influencias que resignifica del teatro kabuki; expresión dramática donde el keshō, o maquillaje, es un elemento de estilo fácilmente reconocible incluso por aquellos que no están familiarizados con esta forma de arte. El polvo de arroz es utilizado para crear la base blanca conocida como oshiroi, y el kumadori realza o exagera las líneas faciales para producir máscaras sobrenaturales o de animales para los intérpretes. Los creadores del butoh se inspiran en esto pero innovan con una operación arriesgada: pintan de blanco a todo el cuerpx desnudo, utilizando solamente un “fundoshi” que es una pieza grande de tela que se anuda al cuerpo para formar una especie de calzoncillo o tanga que deja las nalgas al descubierto. El maquillaje entonces adquiere varios sentidos. 1) funciona como una máscara, permite un “borramiento del yo”, de la identidad el intérprete lo personal, permitiéndole devenir otro y transformarse en otra fuerza, en otra cosa. Si tenemos en cuenta que este lenguaje se caracteriza por la metamorfosis del cuerpx, bailar se vuelve una deformación con micro-danzas en cada partecita del paisaje físico. Y la pintura blanca 2) funciona como una lupa que amplifica, hace visible micro-movimientos, los movíxeles y ayuda a proyectar al exterior eso que baila por dentro. Como ejemplo podemos compararlo con el mimo, que usa el maquillaje para acentuar la expresividad de sus gestos y componer una máscara. En nuestro caso el maquillaje se extiende a toda la piel, y sin duda la desnudez es un efecto del énfasis puesto en soltar la “máscara del yo”, que incluso permite desaparecer los géneros a la mirada del público, y eso es gracias al maquillaje/vestuario y a la técnica particular de esta danza. La exposición de la piel y las partes íntimas puede asociarse a lo erótico pero también puede considerarse un estado al que no se asigna ninguna sensación o emoción en particular. Recordemos que para Hijikata lo erótico es un aspecto que le interesa explorar como la deformación del cuerpx en estado de danza. Y no podemos negar que un cuerpx desnudo o semidesnudo genera tensiones y muchas veces interpela sobre los gustos, sobre la moral, sobre qué cuerpxs pueden ser mostrados y cuáles no. Por eso me animo a suponer que los creadores apelaron a este recurso como 3) provocación para el espectador, generando sensaciones encontradas en cuanto a los sentidos, evocaciones, y pensamientos que puede suscitar mirar danzar a un cuerpx semi-desnudo.

Entonces hasta aquí vimos de dónde viene, cómo surge y qué sentidos pueden desplegarse en el butoh originario, término que propone la compañera Patricia Aschieri en su reciente libro “Subjetividades en movimiento. Reelaboraciones de la danza butoh en Argentina”. En el butoh mix local, para hablar de nuestro país, la primera generación que trajo la práctica del exterior, usaron maquillajes blancos pero a medida que los bailarines avanzan en sus creaciones aparecen modificaciones en el color o incorporan otras sofisticaciones en el vestuario. Creo que la evolución de la práctica permitió realizar algunas miradas críticas sobre la propia praxis, porque situados en un contexto de globalización que produce ciertos procesos de fascinación y exotización de lo oriental, éstas circunstancias llevan a reproducir formas porque si, o sin demasiada reflexión al respecto, y como que se impone el imitar o seguir con una tradición por exótica o extranjera. El propio campo se interpela frente a ciertas condiciones dadas y cada artista busca alternativas personales para componer su trabajo y su poética. Y esto se acentúa en las generaciones posteriores que no necesariamente utilizan el maquillaje corporal, pero sí indagan en lo visual influenciados por el campo de la performance y de las artes plásticas. En este punto me reconozco y comparto con colegas un interés por renovar la visualidad del lenguaje que no tengo dudas que se debe a una cuestión generacional; porque “somos hijas de una cultura de la imagen”, y la cuestión de la visibilidad es una tendencia actual que genera modos de acción. Y por último, al respecto de las condiciones socioeconómicas de producción, generalmente hay bajos presupuestos en la escena independiente; los fondos resultan insuficientes para afrontar una inversión en vestuario y por eso la opción del maquillaje resulta un modo sencillo de resolver las vestimentas. Entonces, recapitulando considero que el maquillaje corporal es un recurso muy pregnante que tuvo su “apogeo” por decirlo de alguna forma, en sus orígenes, pero no es el elemento fundamental que define al butoh como lenguaje.

«Chaku, Asalto al estar» de Rhea Volij. La Plata (2015)

«Kukuklkán» de Tamia Rivero. CABA (2019)


MITO II: EL BUTOH ES UNA DANZA LENTA

Uno de los aspectos que más fuertes de la experiencia con el butoh, es la de poder experimentar el tiempo presente como un complejo entramado que da cuenta del cambio permanente. Bailar afirmando a riesgo de desaparecer, componer aquello que no cesa de desaparecer-aparecer en el presente. Y uno de los gestos más interesantes que te propone, es la de interpelar nuestros automatismos temporales. Por eso es interesante deshilvanar la diferencia entre retención y lentitud desde los encuentros con el pensamiento mítico japonés y la filosofía de Henri Bergson, para que desde esa articulación, poner en palabras los tiempos otros que acontecen cuando bailas lento como comúnmente se lo nombra. Aclaro que no soy experta en filosofía y mis artículos no persiguen al lector académico, pero sí me interesa especialmente conversar con mis colegas actrices, directores, coreógrafas, actores que trabajamos con problemas prácticos a resolver escénicamente y no teóricamente.

En la caminata “suriashi” hay una clara experiencia de la retención y una atención puesta a lo que muda develando las permanencias al mismo tiempo. Para realizarla, Zeami el creador del teatro Noh dice, “mover 3 céntimos en el espacio y 7 en el tiempo para hacer visible un espíritu” y aquí aparece el término japonés “MA” que se puede traducir por espacio/tiempo, pausa, abertura, intervalo. Para caminar entonces se convoca una percepción donde espacio y tiempo van juntos, surgen de una captación interna que fluye con el alrededor, no son percibidas como realidades objetivas y aisladas entre sí. Desde lo formal se camina con piernas flexionadas y pies deslizados, avanzando siempre debajo de la cadera, he aquí la retención, así mismo los ojos viajan dentro de las cavidades oculares, la mirada es periférica. Y esta operación formal  insiste en la concepción del propio cuerpx como escenario de la danza y en deshacer la frontera entre interior y exterior. Así aparecen los movíxeles como pequeños movimientos internos, muy cerca la piel del hueso, creando ámbitos poéticos en cada paisaje físico, cada parte del cuerpx tiene su danza independiente sobre una base de retención. La micro-danza son relaciones de velocidad y quietud, de movimiento y reposo que surgen de un “presente espeso” el decir de Bergson, que hacen durar el acontecimiento. La miniatura aparece como un cambio que emerge de esa “base continua espesa” y así la retención se explora como una dinámica del micro cambio. Producir micro-variaciones sobre la materia decimos cuando se trata de cambios moleculares; bailar desde los poros de la piel. Aparece la pregunta ¿qué le hace la duración a las cosas?, ¿cuánto dura un gesto, un acontecimiento? y ¿cuándo cambia por otro? Aparece la deformación de aquello que está pasando, que permanece y al mismo tiempo cambia. Cuando bailas las distancias entre sensación y percepción, movimiento y composición se acortan, porque percibir se vuelve componer, y es preciso que esa percepción sea la ocasión de una intensificación, de presentar una visualidad desconocida. Es necesario que esa dramaturgia que talla en el presente, pueda presentar algo, ofrezca algo, para que la improvisación no se quede en una simple introspección o un regodeo personal. Digo esto porque el peligro de sentir que el butoh es lento, es que se vuelva algo aburrido, “que no pase nada”, incluso que se vuelva solemne, ¡cosa terrible! que deberíamos evitar conscientemente. La danza busca hacer visible una transformación del cuerpx, “el perder la forma humana”,  ese es su campo de exploración. Si en algún caso la retención conduce a ello, esto no debería ir en desmendro de una intensidad de esa “lentitud”, que nos permita una experiencia más vasta, más sensible y acaso más real sobre la temporalidad. 


MITO III: EL BUTOH NO TIENE TÉNICA

En nuestro campo es muy común en la creencia de que el butoh no tiene técnica. Pienso que esto se debe por un lado, a que como resulta una práctica fuertemente improvisacional, donde cada uno busca romper con sus automatismos y hábitos de movimientos para encontrar una visualidad desconocida, esas formas no convencionales resultan muy curiosas, porque no son “pasos” o códigos claros que podemos reconocer como espectadores. Lo que vemos muchas veces son formas informes, traídas de un “inconsciente”, dinámicas, calidades de movimiento e imágenes que muchas veces se vuelven complejas para poner en palabras. Lo que sucede es que los aspectos técnicos no aparecen a la vista, no son fácilmente reconocibles, pero esto no significa que no haya una técnica. Algunos maestros de Japón que vienen a la Argentina a dictar algún wokshop de pocos días, han comentando sobre el poco trabajo técnico de lxs bailarines locales, lo cual se volvía una dificultad con la que lidiar a la  hora de bailar porque sin ese trabajo técnico previo, la improvisación puede ser poco interesante o muy pobre en recursos. Y por el contrario, están los referentes que no quieren insistir en la técnica reflexionando que ya estamos muy llenos de técnicas que es preciso vaciarnos y descubrir la propia danza. Ko Murobushi, es uno de ellos y Patricia Aschiri registra en su cuadernos de notas una reflexión en la que nos dijo lo siguiente: “La danza butoh da mucho miedo. Ustedes no necesitan más técnica. Ustedes deben encontrarse con su cuerpo. Si yo les doy el soporte, van a seguir explorando la técnica Ko Morobushi. Yo podría dar más cosas técnicas, pero eso no es interesante. La propuesta es que ustedes la encuentren.”

Yo también estuve en ese seminario, recuerdo la frase y por otro lado recuerdo una sensación ambigua porque a mi ese taller a mi me encantó justamente porque había un trabajo súper técnico y a la vez te daba imágenes para luego bailar, sólx o en grupo. Pero increíble ver a una persona de 70 y pico de años haciendo cosas imposibles para mi, con transformaciones felinas de una agilidad salvaje nunca vistas o el trabajo sobre la marioneta con una rotación de las articulaciones muy curiosas. Entonces vemos que la cuestión sobre la técnica se mueve sobre arenas movedizas, y es que ya en los inicios sus propios creadores Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, llegaron al butoh por caminos diferentes. El primero insistiendo en la forma, en lo coreográfico para desde allí lograr la organicidad, la libertad en el movimiento, mientras que el segundo apela a la improvisación desde los impulsos orgánicos y con más atención a las sensaciones y sentimientos, valorando la auto-expresión. Personalmente creo que la hibridación del butoh con aportes de la danza y del teatro, tanto de Oriente como de Occidente, le permite al lenguaje (re)iventarse a sí mismo, y cada docente según sus trayectorias personales (si viene del teatro, la danza o la performance) va construyendo un archivo de herramientas y técnicas corporales de diferentes áreas no sólo del movimiento o el arte, sino también del campo de la salud, y la filosofía. Así vemos (re)elaboraciones de prácticas como el tai chi chuan, kendo, karate, kung fu, katsugen undo, gimansia noguchi, feldenkrais, contact improvisación, fedora aberasturi, yoga, bioenergética, danza contemporánea, técnica Alexander, y el sistema de la tensegridad de la osteopatía, por decir algunos, que proponen un abordaje integral del cuerpx. Desde la filosofía podemos nombrar al budismo zen y las propuestas de Spinoza, Deleuze, Bergson, Bataille, y desde el teatro Artaud, Kantor y las tradiciones de teatro japonés. Vemos entonces la gran mezcla del lenguaje y sus increíbles influencias, ¿no? Porque además en cada geografía se actualiza con sus propias tradiciones dancísticas, en Brasil por ejemplo está presente lo afroamericano y en México se recuperan danzas rituales de su cultura prehispánica, o sea.. gran combo gran..  En este marco me parece importante interpelar el sentido de las mezclas y (re)apropiaciones latinoamericanas que se dan y situarnos en un contexto de globalización que junto con los procesos de hibridación y proliferación de saberes, y prácticas por todas partes, de todos los colores, de todas las culturas y al alcance de la mano, sin moverte de tu casa, en este contexto la mezcla y la multiplicidad de opciones está a la orden del día. Entonces quedarnos en la pre-ocupación de que si el butoh tiene o no tiene una sola técnica con nombre y apellido que lo define, me parece una discusión un poco vieja.  A mi por lo menos me resulta más interesante interpelar el sentido de las mezclas, rastrear esos procesos de hibridación entre lo propio y lo extranjero y apreciar cómo eso se articula en cada caso, y rastrear qué es lo que elabora la práctica como lenguaje escénico singular que opera interpelándose así mismo.. Las “tecnologías” que utilicemos para construir ese lenguaje pueden cambiar de piel, así como los sentidos de las palabras y las formas de escribirlas, por eso esta (de)construcción sobre la frase intenta desplegar las distintas miradas que hay detrás de este lenguaje para mostrar el complejo entramado que lo compone que una y otra vez se resiste a definiciones simplificadoras.


MITO IV: EL BUTOH ES PROFUNDO Y ESPIRITUAL

Y por último, el mito de suponer que porque bailás butoh te volvés un ser profundo o espiritual. Esto lo digo un poco en broma y poco en serio, como no soy  experta en filosofía no me interesa desplegar aquí un desarrollo sobre la espiritualidad, pero si quiero notar que quizás, por el hecho de que entre sus influencias está la presencia del budismo zen, esto contribuye a dotar a la práctica del un halo misterioso y metafísico que lo pinta de un modo especial, que corre el peligro de cristalizarse en una forma hueca. Personalmente creo que cualquier práctica de cualquier índole puede ser profunda y espiritual, si allí hay una búsqueda una pregunta que insiste y un proceso de autoconocimiento, de revelación, de dejar caer máscaras, de aceptación de la vulnerabilidad, de aceptación de lo pequeñísimo que somos en este universo que no para de crecer en medio de la nada, aceptar ese no control sobre la vida, aceptar lo inconmensurable de la experiencia aunque intentemos explicarla con palabras, aceptar el vacío que compone al universo, aceptar que no sólo somos eso que nos contamos y reconocer que la realidad que te vende el mundo “normaloide” tiene patas cortas, digo esto por mencionar algo pero sabemos que la lista es más amplia para daca unx. Porque acceder a un autoconocimiento y hacer contacto con la poesía de la vida, como experiencia, no se reduce ni al arte ni queda en manos de chamanes o guías espirituales. Tu vida no se vuelve más poética por consumir más teatro independiente, ni te volvés más espiritual por encender un sahumerio y hacer yoga, al contrario, esa puede ser otra gran captura del sistema en que vivimos que te impone todo un énfasis puesto en tu salud, en el cuidado de tu propio cuerpx como si fuera una propiedad privada. Actualmente hay mucha promoción de nuevas tecnologías enfocadas al bienestar, para vivir, más joven, más sano y con hábitos saludable, que están modificando considerablemente nuestras formas de vida. No me opongo a eso, sería una locura, pero noto la contra cara de toda esta promoción puesta el “self” y observo cómo cada vez más le tenemos más miedo a la muerte, negamos la finitud de nuestro cuerpx exigiéndole de todo, le tememos al paso del tiempo, cuando estamos muy de viaje en este paso por la tierra y en mi opinión más vale no aferrarnos como Drácula, a su pedacito de tierra que lo lleva incluso hasta en su cajón! Por eso animarnos a abrir los ojos y estar despiertos durante el día es una valentía, es una conciencia, es un despertar activo que hoy más que nunca nos pide presencia estar aquí y ahora en cada una de nuestras prácticas. Y digo esto (parece que me voy por las ramas), porque estamos en un momento donde está de moda todo lo ritual, se consume espiritualidad como quien va al shopping y se hace un lifting y chau sos otrx nuevo y estás “open mind”; eso también puede ser una cáscara o una captura del sistema. Entonces volviendo al butoh  (bajando a la tierra), la entrega hacia una práctica, la auto-penetración al decir de Grotowski, puede ser la ocasión del ejercicio de un espacio de libertad. Como docente y formadora del movimiento me interesa ser una compañía para abrir esos canales y guiar para que el entrenamiento conduzca hacia esa experiencia, pero como artista soy una obsesiva de la composición y me apasiona el trabajo sobre la forma, modelar la materia. Por eso, tomando nuevamente a la caminata suriashi como ejemplo, si cerramos los ojos o bailan lejos hacía atrás, hacia adentro, que esa operación sea la oportunidad de abrir los ojos de todo el cuerpx y abrirnos a la multiplicidad a la danza para ofrecerle algo al espectador, porque sino un riesgo es quedar presos de un regodeo sensiblero, donde yo siento mucho si, pero para quien mira no pasa nada, no sale nada, se queda todo dentro, por eso decía que componer es entregar, es ofrecer algo nuevo y personal, que se lo regalas al otro y a vos mismx, pero se ve, es un campo formal y en la construcción de ese artificio estamos comprometidos. Tenemos que tender a la mayor calidad, a mejorarnos, a pulir la técnica, a perfeccionar los recursos, mantener vivo el interés en la práctica, a estar en los detalles mínimos, para que un camino conduzca hacia el otro; del ejercicio al auto-conocimiento, y desde el autoconocimiento a la experiencia concreta de la transformación física. Y ahí sí la experiencia dejará su huella profunda calando en lo hondo y eso es un trabajo cotidiano que se hace día a día, no viene de arriba con el nombre de un lenguaje.

Para cerrar, quiero transmitir que esta mirada es UNA mirada, no es la verdad pero sí me he tomado el tiempo de observar de qué nos alimentamos, cómo nos alimentamos, cómo nos movemos, qué comunicamos en nuestro campo dinámico del butoh porque me interesa intervenir para crecer y sobre todo para abrir espacios de investigación con las generaciones nuevas. Espero que el material sirva como información y si algo de todo esto te resuena, comentame y charlemos!

Nos vemos en la próxima!

Tamia